Chachalaqueando
Por MARIO LUIS ALTUZAR SUAREZ
Fue más diplomático. “El que se va se calla”. Muy distinto en la forma pero igual en el fondo a la frase de “cállate chachalaca”. Los emisores son distintos: El jalisciense Francisco Ramírez Acuña, en funciones de secretario de Gobernación, en la primera y en la segunda el entonces candidato presidencial perredista, Andrés Manuel López Obrador.
Es decir, que los polos opuestos (real o ficticiamente) se encuentran en el destinatario: Vicente Fox Quesada, aunque en tiempos distintos y no tan distantes, en coincidencia con los ahora molestos estadounidenses por el calificativo foxista de “vaquero de parabrisas” a su presidente George Bush hijo.
Si bien fue aplaudido por los medios de los Estados Unidos, tal vez por haberse proclamado “interlocutor” del que consideró “su amigo”, a escasos días de haber asumido la presidencia y por la profundización de la dictadura de las transnacionales, pero fue en el pasado y ahora, aunque se diga “franco” es en realidad imprudente con su “amistad” y se le condena.
Así, se mostró desconcertado el Señor de las Botas de charol ante lo que creía su correligionario ultraconservador, el conductor de la cadena de televisión Fox, O’Railly, que le disparó las cifras económicas y de inseguridad en sus seis años de gobierno y balbuceante, primero, quedó callado finalmente.
Fox desconoce la historia. Por ejemplo, Sadam Husseim fue el alfil en la guerra de los Estados Unidos contra Irán en 1978, y el 23 de abril de 2003, al ingresar a Bagdad, los marines derribaron la estatua de su antiguo socio y prosiguieron con los símbolos en todo el territorio que culminó con la ejecución del iraquí.
Se descubrió la riqueza acumulada para contrastarla con la miseria de los iraquíes. La diferencia es que esa tarea la realizó en México, Martha Sahagún Jiménez, nostálgica del poder, pero con el mismo fondo: Dudas fundadas sobre el origen de una riqueza espontánea.
Hay razón si se considera que el Señor de San Cristóbal se ufana de su rancho que heredó de su abuelo, dice, adquirido en tiempo de la Revolución en 100 mil pesos con sus ahorros de 10 años, un equivalente a 27 pesos con 39 centavos diarios cuando el salario mínimo del campesino era de 18 centavos por 16 horas de jornada.
Las cifras millonarias destinadas en su sexenio a su patrimonio familiar, tal vez sean modestas en relación a la riqueza acumulada por su esposa y sus hijastros, empero, son cuantiosas en relación a la depauperación de la economía de los mexicanos y el empobrecimiento del país registrados en documentos oficiales compulsados por los “periódicuchos” y los “patanes” que le denunciaron penalmente.
Parecería, entonces, que los elementos están dados para que el Vicente Fox Quesada y familia sigan la suerte de los herederos de Augusto Pinochet o del nicaragüense Alemán. Siempre y cuando el calderonismo no muestre que es su administración la que alcanzó el máximo de su incapacidad en un clima chachalaquero.
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