Recibirán diez mexicanos con los dos mil miembros de 100 países que integran desde 1998 el Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU, presidido por el hindú Rajendra K. Pachauri así como el demócrata estadounidense Al Gore, el Premio Nobel de la Paz el 10 de diciembre de 2007 en Estocolmo, Suecia.
El Comité Nobel anunció el 12 de octubre, que el organismo mereció el galardón porque "a través de los informes científicos que ha presentado en las últimas dos décadas, el IPCC ha creado un consenso cada vez mayor sobre el vínculo entre las actividades humanas y el calentamiento global".
Por su parte, Al Gore que recibe el 26 de octubre de manos de S. A. R. Don Felipe de Borbón el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional 2007, se le distinguió por que "ha sido durante largo tiempo uno de los principales políticos ambientalistas del mundo", en referencia a su el largometraje “An Inconvenient Trae” (Una Verdad Incómoda), en la que se realiza un análisis científico sobre las causas del cambio climático y las consecuencias que tendrá para el mundo.
El mensaje del Comité Nobel es directo: “Es necesario tomar medidas ahora, antes de que el cambio climático quede totalmente fuera de control de los seres humanos”, en un momento en que las potencias industriales, encabezadas por los Estados Unidos, regatean la firma del Protocolo de Kioto para obligar la reducción de la contaminación ambiental.
Una batalla larga y curiosamente, iniciada en 1974 por un investigador universitario mexicano al que casi le califican como “Profeta del Desastre”. La razón era que Mario José Molina Henríquez advertía sobre la creciente amenaza del uso de gases en aerosoles y otros productos, a la capa de ozono. Los intereses económicos corporativos se defendieron en una lucha mediática para minimizar la “exageración”.
Pasaron 14 años para que despertara la conciencia internacional. Y en la "Conferencia Mundial sobre la Atmósfera Cambiante: implicaciones para la seguridad mundial", convocada por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) (Universidad de Toronto, Canadá, del 27 al30 de junio de 1988).
Representó un paso importante ante la necesidad de coordinar las evidencias científicas con la toma de decisiones, destacando en sus conclusiones la necesidad de encarar soluciones urgentes ante el problema de las emisiones de gases contaminantes a la atmósfera, que ya había conducido a las Naciones Unidas a crear en 1983 la Comisión sobre Medio Ambiente y Desarrollo de las Naciones Unidas (CNUMAD).
Dos meses después de la Conferencia de Toronto, la Asamblea General de las Naciones Unidas inició la discusión de un borrador de propuesta para la Protección del Clima para las Generaciones Presentes y Futuras de la Humanidad.
Mientras se discutía dicho borrador, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) establecieron un Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, más conocido por sus siglas inglesas como IPCC. Este Panel fue creado con la finalidad de evaluar los aspectos científicos y socioeconómicos para la comprensión del riesgo de cambio climático inducido por los seres humanos y de las opciones de mitigación y adaptación.
El primer informe del IPCC se emitió en 1990. En él, tres grupos de trabajo llevaron a cabo una evaluación científica, un estudio de impactos y de las estrategias de respuesta, sobre el cambio climático, que a su vez llevaron a la preparación de un informe complementario orientado a proveer referencias actualizadas para el tratamiento del proyecto de convención que constituirá la denominada Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.
Así, podría decirse que fue un grito desesperado la entrega el 11 de octubre de 1995 del Premio Nobel de Química al mexicano Mario José Molina Henríquez en reconocimiento a sus investigaciones que inútilmente intentaron desacreditar las transnacionales. Y ahora, con el galardón al IPCC, dijo que “México continúa con la tradición de ser un país que en el mundo diplomático impulsa acuerdos para combatir los problemas mundiales”.
Tiene razón ya que en ese organismo intergubernamental participan 10 científicos de la UNAM que confirmó su excelencia mundial pese a los ataques sistemáticos de los conservadores con su propuesta de regresar a la educación confesional que paralizó en el medioevo el desarrollo de la humanidad. Ellos son:
En el Grupo de Trabajo 1, Mario Molina, Víctor Magaña y Graciela de Raga. En el Grupo de Trabajo 2, Edmundo de Alba Alcaraz (Vicepresidente), Carlos Gay García (Coordinador Latinoamérica), Patricia Romero-Lankao (Coordinadora Capítulo 7), Ricardo Zapata-Martí (ECLAC), Ana Rosa Moreno (Salud), Blanca Jiménez (Agua) y Cecilia Conde (Adaptación). En el Grupo de Trabajo 3, Omar Macera (Forestal) y Jorge Gasca (Energía).
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